La Economía del Dónut, ha impactado de manera positiva hasta el día de hoy.
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Publicado el 29 de ago. 2020 | 7 min.
Destacado 1
Este es el primer paso para determinar la causa
Destacado 2
Este es el segundo
Es interesante pensar cómo es que se ha desarrollado la economía desde la revolución industrial. Grandes pensadores económicos llegaron a una misma conclusión: “La situación económica de un país puede ser definida por el nivel de producción de este”. Bajo este concepto, podemos entender que, mientras más produzca un país, más fácil será atender los diferentes problemas que existen en la sociedad. En este sentido, hablamos de la pobreza, el desempleo, la salud, la alimentación, etc. Hay datos que confirman este entendimiento, según el Instituto Peruano de Economía, “esto se debe a que existe alta correlación entre el PBI per cápita y diversas variables que aproximan el -bienestar- (nutrición, alfabetización, mortalidad infantil, esperanza de vida)”.
Por ello, desde que se popularizó el término Producto Bruto Interno (PBI) por el economista Simon Kuznets en el siglo XX, se ha tomado como principal indicador del crecimiento económico, el nivel de producción. Sin embargo, tras años de crecimiento económico ¿por qué es que aún existen problemas y desigualdades en la población? Según Granados (2018), con esto podemos entender que, a pesar del progreso, aún millones de personas siguen estando muy lejos de cubrir sus necesidades más básicas, mientras que por otra parte, ya hemos entrado en zonas de peligro ecológico global que afectan a la <i class="fas fa-exclamation-circle"></i> estabilidad de la tierra. (p.4)
Estos principios llevan aplicados por décadas, por ello, la economista Kate Raworth nos da una idea sobre por qué esto no funciona más. Ella ha realizado una profunda investigación sobre el concepto erróneo del crecimiento económico y el costo del significado de producir sin límites. Es así que nace la “Economía del Dónut”, que insta a las sociedades a involucrarse en mayor medida con los límites planetarios.
La Economía del Dónut
La economía del Dónut o rosquilla, conocida así mayormente en Latinoamérica, suele interpretarse como la economía del siglo 21, por las interesantes propuestas que afirman que una sociedad en equilibrio con el medio ambiente es una sociedad con mayores oportunidades de “crecimiento y desarrollo”. El modelo propuesto es el siguiente:
A diferencia del crecimiento de la economía tradicional, que considera a los bienes naturales, en ocasiones, como inagotables, además de defender la idea de que una mayor producción aumentará las oportunidades para la sociedad, la economía del Dónut, se centra en respetar los límites planetarios, definidos por los científicos Johan Rockström y Will Steffen en el año 2009. Este planteamiento sugiere que el conocido modelo del flujo circular de la economía debe involucrar tambien al medio ambiente como agente económico.
Como lo menciona Granados (2018): En un primer plano nos encontramos a la tierra y al medio natural, que está alimentada por la energía del Sol. Dentro de ella está la sociedad humana y, dentro de esta se desarrolla la actividad económica en la que participan la familia, el mercado, los comunes y el Estado. Estos a su vez constituyen importantes formas de satisfacción de las necesidades humanas y su funcionamiento se ve condicionado por las corrientes financieras. Este nuevo escenario requiere, como hemos comentado, la inclusión de nuevos personajes excluidos en el siglo pasado. (p.8)
Bajo este principio, Kate Raworth, nos alienta a redescubrir la manera en la que como sociedad podamos priorizar no solo el crecimiento económico, si no también, proteger el ambiente que nos rodea a través de objetivos que involucren atender las necesidades básicas humanas respetando los indicadores que atentan contra la vida en el planeta.
Reflexiones acerca de la realidad en Perú
Para un modelo económico como el de Kate, que se basa en la integración de una sociedad consciente de los problemas que degradan al planeta, considero que a Perú le falta mucho por progresar. Aspectos como la informalidad, que abarca aproximadamente el 70% del sector laboral, o la incesante corrupción, colocan en tela de juicio lo preparada que está nuestra población para una nueva realidad.
Existe mucha “viveza” por parte de los ciudadanos y es justamente esa mentalidad la que nos limita como sociedad. Por otro lado, siendo un país en desarrollo, hay mucho que ajustar antes de una transición hacia un modelo como el del Dónut[1]. Un ejemplo es el sistema de salud ineficiente, el cual debe ser atendido con políticas públicas efectivas. Así mismo el precario sector educativo, que da una perspectiva del índice de desarrollo humano, y en la que Perú es considerado como uno de los países que menos invierte en este ámbito. Por último, gran parte de la economía esta sostenida por los servicios y la minería, en mayor medida por el cobre, renunciar prontamente a este sector productivo nos traería más problemas a largo plazo.
Es evidente que poco a poco debemos migrar a sectores que impulsen el crecimiento económico y el desarrollo social como es la tecnología, la innovación, además de impulsar la implementación de energías renovables. Más allá de eso, debemos también tener en cuenta la realidad en la que se encuentra el planeta. Efectivamente como menciona la ONU, los efectos del cambio climático nos afectan a todos[2]. Si no se toman medidas drásticas desde ya, será mucho más difícil y costoso adaptarse a sus efectos en el futuro. Me quedo con la siguiente reflexión: ¿Es tan difícil comprender que en la búsqueda del beneficio individual tarde o temprano dejaremos sin caminos a las futuras generaciones?
Conclusión
Este es el primer paso para determinar la causa y definir una conclusión adecuada. Por lo tanto, los inversores temen retomar las actividades prioritarias sin que esos se vean afectados.
Por otro lado, no se puede determinar la razón principal de la…
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